El diálogo es un proceso comunicacional en el que las partes en conflicto informan, debaten, crean opciones y negocian con la finalidad de llegar a acuerdos de manera colaborativa o según el criterio que se defina por las partes. En el caso nuestro, buscamos usar el criterio de “máximo acuerdo posible”.

Este proceso es clave para llegar al fondo de los problemas y producir soluciones de amplio acuerdo posible y establece un ambiente propicio que evite el uso de la violencia.

Busca establecer confianza entre los actores, aclarando malentendidos y prejuicios, identificando aspectos en común y despertando la conciencia de que los problemas son de todos y que solo juntos se podrán resolver.

Ningún actor primario en el conflicto debe quedar excluido del diálogo. Toda vez goce de legalidad y legitimidad, éste puede participar.

No hay que olvidar, además, la perspectiva intercultural, para lo cual se debe recurrirá instrumentos internacionales como el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre pueblos indígenas y tribales, que establece el deber para el Estado de consultar las medidas susceptibles de afectar directamente a los pueblos originarios, estableciendo procedimientos apropiados de consulta a los pueblos interesados, de buena fe y con la finalidad de llegar a un acuerdo o lograr el consentimiento acerca de las medidas propuestas.

El Diálogo recurre a un moderador o mediador que convoque a las partes, explique el funcionamiento de un proceso de diálogo, que establezca reglas de respeto mutuo y de uso de la palabra, estimule la búsqueda de soluciones y que vele por la correcta documentación de la voluntad de las partes.

El final de una negociación es apenas la mitad del camino a recorrer. Se deben establecer mecanismos de monitoreo para el cumplimiento de los acuerdos, ya que un acuerdo no cumplido es un conflicto que puede retornar.